Mi mundo no está completo sino leo una gran historia. Desde las pequeñas aventuras de un dragoncillo en El jinete del dragón por Cornelia Funke hasta el utópico e interesante mundo de Ready Player One, a manos del brillante Ernest Cline.

Cada línea se convierte en mi guía. Examino atento aquel rincón permitido buscando saber un poco más, queriendo conocer de primera mano a “ese” personaje con el que hice clic.

Las historias pasan cada segundo, es aquella conversación en tu transporte mientras vas al trabajo, o los pequeños detalles en la función de un teatro. El cuchicheo entre niños mientras juegan a ser superhéroes o las vagas, pero muy interesante anécdotas de nuestros abuelitos.

Cada quien vive su pequeña cruzada, despliega su aventura o se embarca hacia un horizonte lleno de posibilidades. Las opciones son infinitas, llenas de magia y refrescante aire inspirador.

Hay talentosos, dotados que pueden transformar su ingenio y creatividad en párrafos interesante. Como pintor convierten sus ideas en arte, cada trazo y pintoresca silueta representa cada una de sus palabras.

Pero no es necesario ser escritor ni lector

Este es nuestro momento de hacer algo grande, de brillar o atrevernos a cumplir nuestros sueños. Un relato que más adelante cautivará atentos a nuestros futuros oyentes.

Vivimos tanto tiempo tratando de socializar en internet que olvidamos ese toque humano, el intercambiar palabras en momentos oportunos o dejar a un lado tu rutina para hacer algo alocado.

Una rutina siempre es mala, para no decir pésima.

La instantánea idea de hacer algo que nunca pensaste harías y llevarte la sorpresa de que fue una grata experiencia sobrepasa la decaída y aburrida vida que muchos seguimos sólo por ser como todos los demás.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.