De pequeños nos formamos con una perspectiva sobre el mundo que nos rodea, como programar las manecillas de un reloj. Giramos en torno a lo que conocemos, tomamos decisiones sobre lo que creemos bien o mal, todo con más de una consecuencia.

Está siempre aquel que se avería en medio de la función, pierde su rumbo. “Ya no puede dar la hora correctamente, tratemos de arreglarlo”, y si sigue fallando es descartado.
Recuerdo siempre los largos debates con un buen amigo, tratando de hacerme entender el concepto de la realidad y su función en nuestras vidas.

Como este se contradecía, y luego cambiaba las reglas del juego, a fin de cuenta la filosofía no es más que pensamientos compartidos.

Me hablaba sobre las verdades, sobre el absolutismo y la relatividad situacional que algunas personas tomaban en cuenta, cuando esta última era el gatillo apunto de disparar creando el caos en sí. Le planteé algo:

Imagine que en la misma área exista una casa residencial con una familia, una prisión y un manicomio ¿Cuál es la verdad de todo esto?

Eso sería una locura.

“Exacto.” — exclamé de inmediato.

Pero así es nuestra sociedad. Mientras que hombres gordos con sueldos elevados cogen prostituidas a la vez que tratan de hacer leyes de moralidad, un niño es puesto a prueba en una banda para ganar dinero y así llevar comida a su hogar. Personas juzgan a otras sólo por ser diferentes, mientras ellas son una total mierda.

La verdad no es más que las ideas concebidas en nuestra mente, no es más que las reglas para vivir. La verdad no es lo importante — sólo para el que la concibe — , y todas las verdades pueden ser ciertas como falsas. Parece paradójico pero no es así.

Verán, cuando el hombre vio que la mejor manera de sobrevivir era contribuyendo a sí mismo este plasmó reglas para tener orden, ya que sin orden no podría ayudarse. Es por esto que se crea el “la justicia”, una medida para regular los actos y esclarecer un rumbo hacia donde se dirigía.

Las leyes es una verdad universal, ya que su función es de ser autoridad en medio de distintas verdades o realidades. Con esto apunto a decir que, aunque exista verdades absolutas cada ser humano tiene su forma de ver la vida, de ver su camino, aún partiendo del hecho de que hay leyes el concibe dentro de sí la manera en que quiere vivir.

Somos nada, y en la nada pertenecemos. Las reglas se hicieron para proteger, no para acusar a quien no ha hecho daño. Se crearon para salvaguardar y progresar, pero parece que el progreso no avanza debido a pensamientos retrógradas.

El sol baja, la luna se asoma y aún el ser humano no se ha dado tregua consigo mismo.

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Apasionado de las artes y tecnología.