Por mucho siempre he sido un chico apartado, tímido y no muy sociable. La sociedad me han enseñado que el «líder» es el extrovertido, aquel popular que siempre toma las decisiones y el grupo lo sigue. Esa idea se desvaneció hace una semana atrás.

Un mes, mucho antes que todo esto pasara estaba yo en mi habitación escribiendo alguna publicación, cuando me llegó una notificación a mi celular. Era el presidente de la Fundación de Hemofilia en Panamá hablándome sobre un programa de liderazgo llamado Suro Latam.

Me detectaron hemofilia A severa a eso de los 7 meses de edad, y gracias a tratamiento y buen cuidado hoy en día puedo caminar en las calles y nadie sospecharía que tengo esta condición de salud.

Llevaba un tiempo ayudando a la fundación, principalmente en temas de diseño gráfico. Al vivir en una provincia alejada de la sede principal (la sede se ubica en la capital y yo soy de Chiriquí) no podía estar presente para una que otra cosa, de pequeño me invitaban mucho a los campamentos, pero de adolescente no tuve gran interacción.

La cuestión es que mi deseo de ayudar estaba presente.

Al principio me lo planteé «¿yo siendo un líder de hemofilia?» era mi principal duda, el cómo un chico como yo podría ser un líder. Tambaleé un poco, no estaba decidido en un principio… aún así envié la documentación y cartas requeridas.

A las pocas semanas me dieron el aviso, había sido seleccionado, y eso sería tan sólo el inicio de este hermoso viaje.

¿Qué es Suro Latam?

En términos básicos, es un programa de liderazgo. Pero a diferencia de otros, este es especialmente ideado para empoderar a pacientes con condición de hemofilia que están o estarán trabajando en sus comunidades locales o a nivel nacional.

Como primera ocasión las conferencias se dieron en la ciudad de Panamá, fueron cuatro días intensivos en donde mediante charlas y talleres nos abrieron la mente a un mundo de posibilidades, en búsqueda de cooperar en nuestras comunidades de hemofilia.

Cada charla y taller estaba siendo contabilizado por los coordinadores (Luz, Natalia y Santiago). Más de una vez tuvieron que añadirnos al menos unos 5 minutos más porque algunos no habíamos terminado.

SURO tiene algo, y es que desde que iniciamos cada actividad que hacíamos nos mantenía atentos. No hubo ni un momento en el que alguno se cansara o estuviera aburrido.

Captar la importancia del «qué tenemos» para encontrar el «qué necesitamos» y así impulsar nuevas estrategias en búsqueda del bien común para todos los pacientes con coagulopatías congénitas.

La fraternidad entre pares

Algo muy interesante es que, desde el día que llegamos al hotel cada uno de nosotros se relacionó a la perfección con el grupo. Fue una conexión que muy pocas veces se dan, y personalmente puedo decir que, yo siendo un chico introvertido pude encajar muy bien con todos.

Tal vez sea porque todos tenemos la misma condición de salud (o al menos parecida), hemos pasado por diversas dificultades y encontrarse con sus pares crea cierta amistad inexplicable.

Dentro del programa habían jóvenes de varios países latinoamericanos: Colombia, Cuba, Costa Rica, Honduras, Argentina, El Salvador, Ecuador, Uruguay, México, Nicaragua y Panamá.

Lo que sí fue gracioso a lo largo de los 6 días (fueron 2 días de viaje y otros 4 días intensivos de información) las conversaciones se tornaban informativas. Como sabemos, cada país latinoamericano tiene su forma de expresarse, palabras únicas que al ser mencionadas ante extranjeros puede que no signifique lo mismo.

Día 1 – Fuimos a cenar al restaurante «La Fonda»

Ahí estábamos, cada uno compartiendo su vocabulario, costumbres y vivencias. En el salón de exposición con sumo respeto, y ya fuera de él con toda la energía de jóvenes que sólo quieren pasarla bien.

Un momento cómico fue cuando mi compañero de cuarto llega a la habitación y me dice «Felix» mientras extiende su mano en modo de presentación, pero en mi cabeza pensé que me lo decía en modo de pregunta, a lo que respondo «No», lo siguiente fue él aclarando «No, que yo me llamo Felix» para terminar la conversación con mi risa de confusión y sintiéndome estúpido. El acento de él me sonaba a pregunta, cuando no era así.

El último día fue un pesar, nadie se quería despedir. Habíamos pasado días conviviendo tanto que parecía que nos conociéramos desde hace mucho.

Aunque duro no es un adiós, sino un «hasta luego» ya que en unos meses nos veremos de nuevo para añadir un nuevo capítulo en nuestras vidas, esta vez: México 2020.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.