Del cómo un “me gusta” no siempre es bueno.

Algunas veces escribo para desahogarme,
otras para sentirme bien,
pero al final de cuentas
siempre será un acto de egocentrismo.

He pensado mucho en cómo nuestra sociedad ha cambiado con el paso del tiempo. Mi generación en específico ha optado por abrazar cálidamente la idea de que extraños puedan tener voz y voto en su vida.

Específicamente es la escena de las redes sociales. Buscar de alguna u otra forma el reconocimiento y la fama. No, no es algo malo, de hecho es algo que se vienen dando desde hace mucho, pero hasta ahora aumenta exponencialmente.

Como dije al inicio de esta publicación, tendemos a pensar sólo en nosotros, en lo que nos place. De esa misma forma muchas personas tratan a las demás, sólo vigilan extrayendo toda la información que les parece, es valiosa. Compartimos momentos, fotos, hasta nuestros pensamientos.

Muchas veces el no ser seguro de ti mismo te hace estar en situaciones las cuales no deberías. Podría mencionar el juego de La ballena azul, que ha dejado un saldo de muertos bastante alarmante. A su vez pensar que películas como Nerve (basada en un libro con el mismo nombre) envían un mensaje que podría ser no tomado como se esperaba, sino utilizado como referencia a otras prácticas.

La tecnología nos sucumbe. Con esperanza nos sumergimos en una alternativa digital. Cumplimos nuestros anhelos en tan sólo unos segundos, alimentamos nuestra vanidad con mediciones tan absurdas como los “me gusta” o “compartir”.

¿Y para que? Al final de cuentas sólo nos engañamos

No sólo en el tema de compartir nuestra vida, sino de conectar con las personas. Creemos muchos que el amor estará ahí, que aunque la distancia sea grande la confianza será de la misma manera. Perplejos con negar la idea de una ruptura, o el simple deseo de avanzar cometemos un error.

Algunos no corren la mejor de las suerte y pasan por un infierno. Quién creían confiar sólo aprovecha la fragilidad de su mente para ganar gracia. Comparten los íntimos momentos por las redes. Personas que dicen estar alarmadas lo ven, aún sabiendo que no es correcto lo muestran a otros.

Vivimos en un mundo conectado, más influenciado por el “qué dirán”. Nuestras palabras valen oro, pero no todo lo que pensemos debe ser compartido. Las redes sociales no se hicieron para simular un espejo de nuestra vida, sino para compartir aquello que es relevante para nuestros y el mundo.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.