El día más esperado de todo mi 2019 había llegado, aquella fecha en la que por fin podría viajar «pasar el charco» como más de uno le llama y poder conocer Ámsterdam.

Una de las metas que jamás pensé cumplir era viajar a Europa, y más aún me llegó de la nada. El presidente de la Fundación Panameña de Hemofilia me tomó en cuenta para un workshop en Ámsterdam organizada por la World Federation of Hemophilia, debido a que actualmente trabajo con ellos.

En esta entrada les contaré un prólogo de mi viaje, que vendría siendo como las primeras impresiones y que luego iré desarrollando más a detalles en posteriores publicaciones. Ámsterdam es un lugar hermoso donde la pasé muy bien, conocí bastante y también me pasó trastadas 🤣 pero esas serán historias para más adelante.

Estaba un poco nervioso

Semanas atrás con sólo pensar que pasaría unas diez horas en el avión se me revolvía el estómago. Tomaba un gran respiro y me tranquilizaba. «Todo va a estar bien» —me decía, a la par que imaginaba los sitios que podría visitar en esta hermosa ciudad.

Hacía escala desde mi ciudad hasta la ciudad de Panamá, de ahí tomaba vuelo directo hacia Ámsterdam con la aerolínea KLM. Que por cierto, es una gran aerolínea con muy buenas características, pero con quienes tuve un leve problema en el momento de mi regreso (eso será historia para otro día).

Al momento de llegar a la ciudad de Panamá tuve que esperar desde casi las 11 de la mañana hasta las 6:45 de la tarde, que era cuando partiría mi vuelo hacia la capital de los Países Bajos.

Para ese lapso de tiempo pasaría lo que quedaría de la mañana y gran parte de la tarde con el presidente de la Fundación Panameña de Hemofilia, Luis Melgar quien me acogió en su morada y estuvimos compartiendo anécdotas.

Llegada las 6:40 P.M. ya estaba en mi puesto, activando el modo avión y preparándome psicológicamente para pasar tal vez uno de los mejores días de mi vida en un país distante al mío.

La llegada de un viajero inexperto

Mi llegada a Ámsterdam fue un poco confusa, en parte porque no sabía hacia cuál compuerta ir. Recuerdo casi cometer el error de irme a la compuerta de trasbordo, en vez de la sala de aduana (donde comprobaban el pasaporte).

Es impresionante cuan grande es el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, y fue algo que levemente noté en mi llegada y que logré comprobar cuando me tocó abordar el avión de regreso.

Al salir de aduana no tuve tanto problema con el paso de mi medicina, sellaron mi pasaporte y como pude me guié para recoger la maleta. Lo único que faltaba en mi lista era encontrar al chófer, cuestión que fue un calvario.

Según la planeación el chófer debía estar esperándome a la hora de mi llegada, pero iba media hora y nadie me recogía. Le escribí a las encargadas del evento y me dijeron que se podrían en contacto con la empresa, luego de otros 15 minutos me daban aviso que otro chófer iría por mi.

Un hombre de pasado los 40 años —según mis cálculos— de cabeza rapada y un tanto más alto que yo. Con un excelente inglés me daba la bienvenida a Ámsterdam y me preguntaba sobre cuánto tiempo llevaba esperando.

— Alrededor de hora y media, no sé que le pasó al anterior chófer.
— Tal parece ser que él no llegó, y entonces nos contrataron a nosotros de emergencia —me sacaba de duda amablemente—.

Salimos del aeropuerto y el golpe de frío llegó a mi por primera vez. Era evidente que dentro había calefacción, pero aunque yo tuviera una buena vestimenta para el frío podía sentir la seca y friolento clima.

Lo primero que noté en Ámsterdam

Una ciudad muy ordenada y hermosa. Fue prácticamente lo primero que me dije cuando empecé a recorrer las calles de Ámsterdam.

«Las clases económicas no se distancias tanto de sí, y por eso tenemos constante prosperidad», me contaba el chófer durante el camino.

Los medios de transportes son puntuales y variados, al tener trenes, tren vía, buses, carros y taxis. Pero uno del cual me sorprendió mucho fue la bicicleta, ya que tiene su propia vía que comparte a la de los peatones.

«Red is dead» como muchos se refieren a la vía de las bicicletas, es conocida así ya que los ciclistas siempre andan deprisa, provocando choques si los peatones no se quitan. Aunque no vi ningún choque hacia peatones, sí pude comprobar que los ciclistas son un tanto imprudentes, así que si vas a Ámsterdam ten cuidado y mantente atento.

La ciudad es fría, así que es bueno llevar un buen abrigo, guantes, bufanda y gorro. Debajo de los jeans es bueno tener pantalones termales. Las zapatillas era lo de menos, el frío que se colaba por ahí no era tanto.

En fin, estas son mis primeras impresiones de la ciudad y un breve relato de mi primer viaje a solas, próximamente estaré publicando más de mis viajes 🤗 les mando un abrazo, cuídense.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.