De niño era bastante alejado de todo y todos. Vivía en un lugar apartado, casi inhóspito en donde conseguir una taza de azúcar tomaba unos 40 minutos. Tras grandes extensiones de tierra, mugre y vacas, encontrabas una pequeña casita, llena de amor y duro esfuerzo.

Siempre imagino una breve escena antes de llegar a este mundo. Tal vez me sentaron en una silla angelical, tras breves pláticas para mi puesto y asignación de familia me hacen una pequeña, pero gran pregunta ¿Qué espera de este mundo?, “desafío, amor, felicidad” respondo sin siquiera pensarlo.

La vida para un pequeño y frágil niño no era fácil, pero tampoco mala. Podría decir que estaba bastante bien, vivía un tanto cuidado, alguno que otro deporte vetado, pero ahí estaba yo, viviendo de mi imaginación.

Desde pequeño me encantó la poesía, aunque nunca fui un gran lector. Creo que nunca lo he sido, ha decir verdad no sé como aprendí a ser lo suficientemente elocuente. La cuestión estaba en que vivía en una isla.

Una en la que los límites eran una burla, podías ser quien quisieras, cuando lo quisieras. Batallas mágicas y juegos de béisbol casi arreglados, en donde estaba claro que ganaría mi equipo. Este vasto y colorido mundo se desarrollaba ahí, en mi cuarto. Algunas veces en el porche cuando el carro de mi padre estaba ausente.

Esa pequeña isla fue creciendo, desarrollándose hacia otras áreas. Además de dibujar y escribir estaba aprendiendo a tocar piano, un tanto flojo pero a paso firme. Creo que desde niño he sido persistente, miro fijamente mi destino, sin dudarlo lo cumplo. Algunas veces he fallado, pero para luego intentarlo una vez más.

Mi pequeña isla es la creatividad detrás de mi palabras, la atorrancia detrás de una anécdota, que sin quererlo se convierte en chiste. Es la poesía en medio de un amor, el despecho de mi tristeza. Esta isla es la razón por la que sigo aquí, persistente hacia el destino que se me tiene preparado, hacia el amor que se me prometió hace mucho, y que puede que lo haya encontrado.

Cada mente es un mundo, cada mundo es diferente. Algunos convierten sus ideas en vagas ilusiones, otros fortalecen sus sentimientos librándose de lo momentáneo, dispuestos a seguir adelante. Yo, pues yo sólo busco la felicidad en medio de este macabro mundo.

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Apasionado de las artes y tecnología.