“Tener esperanza en el cielo es lo único que les motiva a seguir con sus vidas”

No soy nadie, pero si algo. Algo por lo que la misma vida en la tierra está equilibrada. Poniendo ley sin vacilación, sin preguntar ante quien o que, sólo cumpliendo mi deber ante el Jefe. Soy la oscuridad en las almas, y la bondad de los débiles, quien les quita el sufrimiento para darles paz en momentos de agonía.

Soy una especie de emisario, velo por mantener el orden de los reinos, aunque muchos piensan que mi trabajo es de los más repugnantes de todos, pienso que es el más generoso que pueda alguien tener.

Aunque muchos me atribuyen una forma, algún objeto representativo, la verdad sólo existo y eso solamente.

Recorro valles de soledad y zonas de cemento, buscando seres que me necesiten, individuos que en su último respiro claman mi presencia, y yo les ayudo.

Mi espectro frío le toca, quito la capa que lo hacen prisionero de su cuerpo terrenal y lo guío hacia el abismo. Sus ojos cristalinos, aún apegados a sus seres queridos piden cambiar su destino, pero su destino fue escrito desde tiempos antiguos.

“Nadie puede cambiar lo que ahora eres, o lo que eras antes de llegar aquí. Los sagrados libros sólo crearon tu ser y te brindaron una oportunidad, ahora ve y acepta con hombros firmes lo que ahora está por sentenciar”, le digo mientras floto en la nada, proyecto una mano y le señalo una puerta al final del camino.

Las criaturas son labores sencillas, pequeños animales que sólo siguen una rutina de vida. Su existencia es más simple, con cadenas que deben obedecer para sobrevivir, nada como las bondades que los humanos tienen en sus manos. Se les otorgó una oportunidad, ventaja plena que los ponen muy por encima de las demás especies.

Oh, pequeñas criaturas tuvieron que conformarse con un diminuto cerebro e instintos apegados a su entorno, pero los humanos tuvieron más que eso.

El Jefe les otorgó libertad absoluta de sus acciones, capacidad para pensar, idear y reinar entre las salvajes tierras. Al principio sólo eran una especie más, pero poco a poco empezar a columpiarse en la delicada cuerda de la vida, creando guerras y caos.

He podido presenciar atrocidades, hombres que son más salvajes que la naturaleza misma, que sólo siguen la codicia, el poder, la venganza o el placer. Guerras que se desataron en nombre de religiones, por mera ambición, en donde los verdaderos enemigos sólo veían morir a los suyos, con puros y copas planeaban su siguiente ataque.

Mi espectro deambuló entre cuerpos destrozados, sesos y lombrices. Aquellas almas estaban perdidas creyendo que hacían lo correcto, entregándose a leyes de sus semejantes, cuando estas leyes iban en contra de la vida misma. Retorcidas mentiras que siendo repetidas se convirtieron en verdad, su venenosa verdad.

La historia sigue constante, hombres que matan a hombres, el reglamento del mundo y las plagas para mantener el orden. Mi existencia no es más que la contraposición de la vida, pero no señalo y devoro al antojo, simplemente ayudo y eso es lo que nunca entendieron.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.