Compartía una tarde con mi madre, cuando llegué a tocar levemente el tema del tuitero que utilizó el logro de los jóvenes en la Asamblea Nacional panameña para dar su posición en contra del matrimonio igualitario.

El punto de mi comentario era cómo alguien con tan poca preparación y decadente forma de expresarse tiene el atrevimiento de pedir el micrófono, sin siquiera mantener un argumento sólido que sea válido y entendible para todos. Fue abucheado, y no se le dejó terminar.

Acto siguiente, mi madre tomó una postura defensiva, empezó a cuestionarme el porqué siempre tocaba esos temas y «me ponía a favor de la comunidad LGBT» siendo heterosexual.

Anteriormente había tenía discusiones con ella, y sí era cierto, apoyo esta comunidad porque al igual que todos, a ellos se les debe otorgar derecho de poder tener el amparo de una unión legal, que les sea de comprobante en caso de que su cónyuge fallezca.

Sus comentarios, combinados con la homofobia que hace su clara notoriedad, es el mismo pensar de muchos otros panameños y panameñas que se oponen a que esta minoría tenga el amparo legal por suponer una «crisis a la familia». Y no quiero tocar este tema directamente apuntando a los pro-familia o mejor dicho «segmento conservador», sino el cómo un grupo minoritario es reprimido por una gran parte de la población.

Me parece atroz imponer la enseñanza a las nuevas generación el heredar fobias respecto a algún aspecto característico de las personas. Como estos prejuicios les invitan a generalizar abiertamente, cegando la posibilidad de empatizar. Es una pena ver como la xenofobia y homofobia mueve a grupos considerables en la sociedad panameña, privando la mutua convivencia y llegando a ser motivo para generar violencia a estos segmentos de la población.

El no promover el diálogo y simplemente generar rechazo hace que sea un problema considerable.

Las nuevas generaciones hemos entendido debido a la convivencia con todo tipo de personas, que la generalización divide grupos. El poder de la empatía y la libre conversación nos hace entender que estos grupos no son tan distintos a nosotros.

Pensamientos apoyados por temas religiosos es lo que genera un agravante en los Estados que se suponen, deberían mantener una postura laica.

Pensar «porque somos mayoría mandamos» no deja alguna opción para apoyar minorías. El Estado no debería caer en complacer una posición enteramente conservadora, sino escuchar ambas partes y hacer una solución que pueda dar por terminada las diferencias.

Dejando a un lado el tema legal, es sumamente deprimente ver cómo personas ponen a tela de duda tu sexualidad o posición ante tus iguales o región. Mediante presión social cedas y no apoyes a la minoría. Tengo convicciones fuertes, y mi opinión la mantengo aún cuando haya quienes opinen diferente (ya que siempre habrá alguien que discrepe contigo). Así he escuchado a muchos, que terminan dejando de apoyar a un grupo sólo porque sus familiares, amigos, compañeros de trabajo se oponen y le juzgan.

Aunque pareciera un sueño imposible, quisiera que se promoviera la empatía. Que las personas se educaran antes de generar una opinión. Que el pensamiento de alguien se vaya creando de manera crítica y no porque un grupo de personas quieran que pienses de otra manera. Dejar el chip conservador y darse cuenta que el mundo tiene que brindarles a todos los mismos derechos, al fin y al cabo todos somos ciudadanos que cumplimos al Estado.

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Apasionado de las artes y tecnología.