Un mes ha pasado desde que empezó la cuarentena en Panamá, una medida que cientos de países han optado para tratar de frenar la pandemia del COVID-19.

Pero hay quienes no se han dado cuenta la verdadera dimensión de lo que pasa, que dentro de sí aún piensan que todo será igual, que todo acabará. Tal vez será por lo frenético que ha sido su vida o podría ser el miedo a perder aquello que más anhelan en estos momentos.

El 2020 es el año en el que el mundo se detuvo, sedentario y a paso lento vemos como la tierra se recupera de los daños, que nosotros los humanos le hemos hecho todo este tiempo. Para ser más preciso, es nuestro mundo el que se ha detenido, el de nosotros como individuos, como raza social y colaborativa; la supervivencia está en aquellos que se pudieron actualizar.

Nuestra realidad ha sido acortada, minimizada, con grandes cantidades de ansiedad y desconsuelo, con dolor y preocupación.

Estamos en un momento histórico, de aquellos que se escriben en papel y será dado a estudios por los años siguientes, en donde un mundo con tanta comunicación tuvo que frenar para garantizar la salud y seguridad de los pueblos.

La guerra de lo invisible,
de lo casi intangible,
del miedo y la paranoia,
estamos haciendo historia.

Vemos como los apolíticos reinan con las noticias falsas y lo alarmante, también los gobernantes corruptos siguen demostrando su poca capacidad por velar para el pueblo.

La gran preocupación de aquellos que han sido aprovechados, exprimidos, excluidos y juzgados. De los que le enseñaron que lo fácil es bueno, y lo bueno se da rápido. Ellos sufren en estos momentos de hambre y desconsuelo, sin instrumentos para esta guerra invisible, sin alimentos para mantenerse de pie.

Son ellos quienes en su gran mayoría votaron por aquellos que aseguraron su propia supervivencia, y que ahora, después de despilfarrar los pocos recursos se excusan con la solidaridad colectiva.

La anarquía está ahí afuera, seduciendo a aquel desconforme, hambriento y paranoico ser que sólo busca sobrevivir. En algún momento la naturaleza egoísta de nosotros los humanos se tomará en ellos, y en ese momento el Estado y la salud de todos podrá estar en peligro, no sólo por el virus, sino también por la violencia.

Pero pensar en lo que podría ser tampoco es bueno, he pensado en ello. Es el miedo de estar en reposo, inerte y sin una aparente brújula de esperanza. Las nuevas cifras hacen que mi corazón quiera salir, y que mi respiración se acorte.

Pero la esperanza está en confiar, y cuidarnos a nosotros y nuestros familiares. Somos una raza que ha sobrevivido distintas épocas y enfermedades. Que pudo, aún en tiempos difíciles retornar la economía.

Es el momento de sentarnos, respirar y guardar la compostura. Hay héroes allá afuera dando su vida para que podamos sobrevivir. Y si tu eres uno de esos héroes, gracias.

Gracias porque aún cuando la tierra se detuvo, la vida no ha acabado, y el día de mañana, en algún momento podremos decir como mundo: te hemos acabado maldito virus.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.