Lloro, a cántaros.

Nunca conocí alguien como tú,
nunca te conocí de verdad,
parecías la idea de la perfección,
la tierna ficción con la que me arroparía.

Reía y gozaba,
como un loco hablando con sí mismo,
compartiendo ideas que encajaban,
enamorándose cual niño de su primer amor.

Aunque nunca te dediqué un poema,
siempre pensaba en ti,
de la forma más tierna,
la más pura que podrías pensar.

Aún cuando sabía que nunca sería,
aún cuando era prohibido y poco probable,
eras la idea más dulce en medio de mi penumbra.

Matar esa idea,
sentimiento,
razón que te daba esperanza,
sólo porque tienes que hacerlo, no porque quieras.

Dejarte a un lado por la indiferencia,
por el frío mensaje de que eres el sobrante
en una ecuación que se constituyó hace mucho.

Quisiera mantenerte como una alucinación,
la ilusión de que hay alguien en este mundo para mi,
que no estoy loco,
no,
¡No!
porque si la locura es esto,
he vivido en demencia desde siempre.

Pensarás que te quiero hacer daño,
que me rehúso a saber de ti,
sólo siento que soy alguien más,
alguien del que no quieres hacer sentir especial
por no querer traicionarte, traicionarle.

No soporto la idea de ser tratado como ahora,
de ser comparado por alguien más,
y aún cuando la lógica dice que me quede,
que espere a que el último peldaño derrumbe
lo que hace mucho estaba en ruinas…

Prefiero ser el perdedor,
el ecuánime perdedor.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.