De hater a amante de Apple🍎

Sería inimaginable para mí estar en esta situación, o siquiera pensar que escribiría en algún momento de mi vida un artículo de esta temática.

Mi historia en el mundo Apple tampoco es demasiado extensa, de hecho empezó el año pasado, pero para hablar del presente tengo que contarles un poco del pasado, del cómo pasé de hater a fanboy del ecosistema más famoso del mundo, de un momento a otro.

La libertad, lo accesible y lo lujoso

Desde pequeño tuve acceso a un PC, en casa siempre tuvimos acceso a la tecnología, es algo de lo que agradezco bastante.

Mi amor por lo tecnológico viene desde muy pequeño, y ciertas formas de pensar han ido moldeándose a lo largo de los años.

El acceso a lo novedoso era gracias a mi padre, debido a su profesión y a los cacharros que se iba comprando. En resumidas palabras, mi experiencia con diferentes  sistemas operativos pasó de Windows, BlackBerry, Android y por último iPadOS/iOS hasta hace un año.

Llegué a ver vagamente productos Apple en mi temprana edad, para ser sincero no supe de estos hasta llegar al colegio, con el acceso a internet ya en casa.

Consideraba aquello como lujoso e inalcansables, no podía entender como la gente podía destinar tanto dinero en hardware cuando podías encontrar lo mismo y más barato.

Simplemente no lo comprendía.

En mi adolescencia empezó a gustarme GNU/Linux (más o menos desde los 13 años), el tener que escribir comandos y encontrar la forma de instalar algo era como un juego para mí.

Por otro lado Android me gustaba cada vez más, podía personalizar cada aspecto del sistema operativo y hacerlo una experiencia a la medida.

Desde gestos, el cómo organizaba los íconos, el cómo se veía. Giraba la vista a la apariencia de iOS y no me gustaba para nada, me parecía muy predeterminado. Seguía feliz jugueteando sin parar hasta llegar a utilizar diversas ROMs.

Fun fact: brickeé un Moto G gracias a que saltaba entre customs ROMs y luego al regresar al stock no funcionó más. Pero eso es tema de otro día.

Mi pasión crecía y crecía hasta que en un momento empecé a ver el lado negativo a todo ello. Linux se volvía cada vez más tedioso al tener que mantener tu distro libre de errores, y Android no se actualizaba a versiones más actuales gracias a que las marcas no lo hacían en sus dispositivos.

Fue a eso del 2019 cuando empezaba a fijarme en los iPhone como una clara alternativa, la limitante: no tener el dinero para comprarlo 😂

Cuando lo pruebas, no regresas atrás

Fue apenas el año pasado (2020, durante la cuarentena) cuando pude acceder a un iPad Pro 2020 junto con el Apple Pencil, que me caía al pelo para hacer mis ilustraciones.

Fue casi instantáneo mi cariño por el nuevo cacharro, empecé a considerarlo mi bien más preciado.

En el proceso lo más lógico fue conseguirme el Smart Folio y luego unos Airpods. Unos meses después, un iPhone.

Esa fue mi perdición.

Hay algo que durante mucho tiempo escuché, que no comprendía (y hasta me parecía molesto) pero que ahora entiendo perfectamente: el ecosistema Apple funciona, y es tan cómodo que no vuelves a la competencia.

La facilidad de poder copiar un texto en el iPhone y luego pegarlo en el iPad, de poder cambiar de dispositivos y que los Airpods se conecten automáticamente, además de las actualizaciones constantes (y sin demora) a los dispositivos de forma global. Terminas valorando estos productos.

Y es que de alguna u otra forma la comodida junto a este autodenominado «ecosistema» termina siendo una especie de droga, que te empuja cada vez más a tener más y más dispositivos hasta completar la experiencia definitiva.

No es para todo mundo

Hace unos días atrás entre pláticas surgió una interrogante que captó mi atención.

¿Por qué tener un producto de Apple? ¿Qué le otorga a mi vida?

Esta pregunta vino de uno de los ingenerios de mi trabajo, quien curioso quería la opinión de alguien que sí utiliza esos productos diariamente (en pocas palabras, mua).

«Son lo máximo, pero todo depende de para qué tengas pensado utilizarlo.»

Le respondí sin siquiera pensarlo.

La situación de cada persona es distinta, y aunque sí podrías utilizar un iPhone como celular o una Macbook como computadora diaria, al fin y al cabo importa mucho más el para qué la utilices (aparte evidentemente del presupuesto).

La persona que lo pregunto es ingeniero civil, los programas diseñados para efectuar su trabajo diario no están optimizados para llevarlos a cabo en macOS, y así mucho más software pensado para la ingeniería como tal.

Tal vez podría utilizarlo perfectamente para navegar, responder correo, pero se convertiría más en un capricho que una necesidad, porque estas tareas podría efectuarlas con equipo hasta más barato.

La realidad es que, debido a que mi mundo salta entre el diseño gráfico y la programación, a mi los equipos de Apple me vienen al pelo, ya que están pensados para acaparar perfectamente mis oficios.

Tal vez si eres una persona con uso típico en el ordenador una Macbook te pueda venir muy bien, si lo que buscas es calidad y durabilidad. Pero (porque siempre hay un pero) todo dependerá de tu presupuesto.

Los productos Apple mantienen una buena reputación al verles como aquel producto premium, sencillo, confiable y funcionan muy bien. Ese es su verdadero valor, y han mercadeado muy bien a base de ello. A medida que vas consiguiendo muchos más vas encontrando esa extraña sinergia (en un modo positivo) que no tienen otras marcas, y he ahí la telaraña atrapante que ha mantenido a una gran cantidad de entusiastas al tanto de las últimas novedades de la empresa liderada por Tim Cook.

Como experiencia puedo decir que fue toda una evolución, de pasar a odiarlos hasta ser impresindibles en mi vida. El iPad Pro (2021) se ha convertido en prácticamente mi ordenador portatil, y con el los beneficios de poder conectar mi diario vivir con todos mis dispositivos.


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