Desde vagos pensamientos, hasta mis más fieles sentimientos.

Hace ya mucho tiempo me perdí en el encanto de escribir, el hecho de pasar horas tratando de redactar una historia o publicación, modificar cada parte para que fuera entendible y no malinterpretada. Pueda que la sátira en algún momento me haya cegado, como hace unos días escribí una carta con algo de sarcasmo y seriedad, comentada de forma negativa por el simple hecho de no haberla redactado apropiadamente.

La cuestión no late en tener una vida llena de emociones, ya que la mía no es la más atractiva en cuanto a hechos, pero sí en tener un tema y dejar que fluya la creatividad. Tal vez sea esa una de las razones por la cual se me facilitó mi falsa vida en la radio, lo más probable es que sí.

Tener un tema y dejar que fluya la creatividad

En el fondo siento que el arte es el lenguaje universal — sé que es una frase muy utilizada, pero es la precisa en este momento — . Muchas veces no me basta con sólo escribir para llenar el vacío en mi días, sino que tengo que recurrir al dibujo o a la música para expresar cómo me siento. He llegado a pensar que son fases, ya que con la escritura explico con detalle cada opinión, relato o pensamiento que sienta que debo compartir. Recientemente siento algo de resguardo con el digital art en mi DeviantArt, un amor por el minimalismo que crece cada día. Por último pero no menos importante, expreso mis más íntimos sentimientos con la música, aunque no he subido mis verdaderos trabajos — aquellos que les tengo gran cariño—. El secreto de mi amor por estas artes se encuentra en momentos claves de mi vida.

La abandonada niñez

Una habitación llena de ropa, la cama vacía y cada esquina repleta de objetos, es lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en visitar mi antiguo hogar. Aquel sitio que me vio crecer, dar mis primeros pasos y me resguardó en los peores momentos, cuando la familia era más cercana y el mundo enorme.

Momentos en los que con una mirada tierna veías con inocencia como podría ser tu futuro, sin la esclava idea de “ser alguien” cuando en realidad sólo querías ser tú. Mi vida infantil fue como el frío amanecer de un extraño día de verano; aquel en el que arropado con la manta buscas confort, la oscuridad fría y pasajera de momentos dolorosos tratan de abrazar cada parte a la cual descuides de transmitir calor, en una ardua batalla sin parar recuerdas que no todo está perdido y ves hacia arriba en donde un cielo estrellado, con pequeñas constelaciones brillando, tratan de decirte “no estas solo”.

Nunca fui tan apegado a mi familia, vivía en una casa de campo lejos de todo y todos, junto a mi hermana mayor que en un momento decidió seguir adelante, una madre que amo, mi abuela que aún cansada por su edad te ayuda no importara que fuese y un padre que se mantenía trabajando para sacar a flote la familia.

Con mucha nostalgia veo las fotos aún colgadas en aquellas paredes algo descoloridas, una historia que se acabó hace muchos años con una pequeña guerra silenciosa que terminó conmigo, mi hermana y madre lejos de aquella casa, probando nuevas escuelas y colegios, nuevas amistades y caras. Lo único que me ayudó a recobrar la esperanza fue lo mismo que me dio fuerza de pequeño, el dibujo y la música.

Mientras muchos niños jugaban a patear el balón, corretearse entre ellos y reír yo estaba a un lado viendo como se divertían. El cuidado por no golpearme o cortarme me mantenían lejos de aquello que para un niño de mi edad era natural — estúpida coagulación — . Algunas veces hacía caso omiso y me embarcaba en la aventura, la mayoría fallidas con rápidas escapadas al hospital — mi segundo hogar.

Así pasé mi infancia y parte de la adolescencia, con pocos amigos que en escasas ocasiones llegaban a entender mi limitación, niños y niñas que se burlaban de mi porque era diferente, y yo preguntándome…

¿Por que tuve que ser diferente?

Muchos hoy en día creen que escribir, dibujar o porque estuve en la radio sólo son un intento por lograr notoriedad, por gritarle al mundo que soy lo mejor. No es así, hago lo que hago porque me gusta y porque desde pequeño he tratado de ser feliz. Con una profilaxis tres veces a la semana, cuidados sobre todo lo que hago y no sentirme parte de nada disfruto al menos ahora poder lograr lo que desde niño buscaba, la esperanza y felicidad detrás de todas mis acciones.

Aún no es suficiente

Todos encuentran las fuerzas para seguir de diferentes formas, algunos con un plan desde temprana edad, otros por malas decisiones se ven forzados a trazar un camino o tal vez una buena oportunidad abra el paso, tal vez. Detrás de cada una de estas personas se ve involucrado un fuerte deseo, y es un futuro mejor, ya sea para sí mismo o para su familia y seres queridos.

Aún no encuentro mi propósito, saltando de una actividad a otra, buscando estabilidad y confort combinado con esfuerzo y dedicación — una combinación extraña, pero coherente si lo ves desde mi distorsionada perspectiva — . En ideas recientes opté por invertir en crear mi blog sobre tecnología llamado Safe Shadow, aunque es algo cansado tener que redactar, crear el SEO, Community Manager, pequeñas campañas para llegar a más personas. Aún no sé si abandone el proyecto o si tenga la convicción para seguir adelante, me encanta escribir pero el tema detrás de ese blog no es tan flexible como quisiera: tecnología, cultura, videojuegos y software libre. Hay momentos en los que sólo quiero crear una historia y es cuando vengo a Medium.

Espero encontrar mi camino, llenarme con motivación y alcanzar las futuras metas que me trazaré, pero sin perder el gusto de hacer lo que me encanta. Por último te invito a seguir tus sueños y plantear un plan para alcanzarlos, ya que no hay sentimiento más gratificante que lograr lo que te haz propuesto.

Author

Apasionado de las artes y tecnología.